Arte de Raíz : Tláhuac : Sitio oficial del primer Museo Regional Comunitario del Distrito Federal
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Un ejemplo de participación ciudadana


El MUSEO REGIONAL COMUNITARIO CUITLAHUAC, Ciudad de México


Diana Barcelata Eguiarte
Diseñadora Gráfica. Maestría en Ciencias y Artes para el Diseño.
Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco.
Luis Fernando Guerrero Baca
Arquitecto. Maestro en Restauración. Doctor en Diseño.
Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco.

Artículo publicado en el Boletín: Gestión Cultural Nº 11: Participación Ciudadana, abril de 2005. ISSN: 1697-073X.



Resumen

La gestión de Museos Comunitarios en México obedece, en gran medida, a la reorientación de la función social de estas instituciones que desde hace aproximadamente una década, las ha ido convirtiendo en estructuras mediadoras entre la comunidad y su patrimonio, para reforzar su identidad cultural y propiciar su desarrollo integral a partir de la participación ciudadana.

No obstante, y pese a los programas propuestos por parte de diversas organizaciones no gubernamentales en coordinación con Instituciones del Estado, el proceso para la gestión de cada museo, ha obedecido a condiciones coyunturales específicas y a la organización tradicional de las diversas comunidades, urbanas o rurales, lo que ha provocado un desarrollo muy desigual en los diferentes ejemplos existentes.

Un caso singular es el del Museo Regional Comunitario Cuitláhuac, en la Ciudad de México, cuyo proceso de conformación se ha desarrollado fundamentalmente gracias a la gestión ciudadana y que, a pesar de notables dificultades, ha podido adaptarse y subsistir. En el presente texto2 se busca dar a conocer las características de su conformación y evolución ya que consideramos que puede resultar ejemplar para otras organizaciones iberoamericanas.

Contexto territorial y social

El Museo Regional Comunitario Cuitláhuac se ubica en el Barrio de la Magdalena, en San Pedro Tláhuac, cabecera de la Delegación (Municipio) de Tláhuac, una de las dieciséis que conforman la Ciudad de México. A unas cuadras del museo se encuentra el templo de San Pedro Apóstol, construido en el Siglo XVII por frailes Dominicos como núcleo del poblado que dio origen al actual barrio.

La Delegación de Tláhuac está localizada al sur oriente de la Ciudad de México y la integran siete pueblos de origen prehispánico: San Andrés Mixquic, San Nicolás Tetelco, San Juan Ixtayopan, Santa Catarina Yecahuizotl, Santiago Zapotitlán, San Francisco Tlaltenco y San Pedro Tláhuac.

El presente artículo forma parte de una investigación realizada dentro del período 2003-2005, del programa de Maestría en Ciencias y Artes para el Diseño, de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco.


En Tláhuac los asentamientos más antiguos que se conocen datan del Horizonte Preclásico (200 a.C.) cuando el Valle de México era un enorme lago y las aldeas y centros ceremoniales se localizaban en islas así como en la ribera lacustre. Durante los horizontes Clásico y Posclásico (900-1521 d.C) se tiene el registro de asentamientos con rasgos de las culturas teotihuacana, tolteca, chalca, olmeca-xicalanca, chichimeca y azteca.

A diferencia del entorno urbano del resto de la zona central de la Delegación, en el Barrio no existen grandes anuncios publicitarios ni conjuntos habitacionales o comerciales. El museo se encuentra inmerso en un ambiente que conserva una imagen semirural, cuyo origen se remonta a la época colonial pero que sus raíces se hunden incluso hasta estratos más antiguos.

A partir del año 2002, lo que era sólo una casa habitación y que aún mantiene sus funciones originales, fue adaptada para albergar piezas arqueológicas que continuamente se encuentran en el subsuelo local, y que han sido de suma importancia para la comunidad, al constituirse en una motivación para la cohesión social. Progresivamente el museo se ha ido constituyendo en un centro comunitario y sede de diversos talleres y prácticas tradicionales a partir de conferencias, creaciones artesanales, prácticas de danza y difusión de la lengua de origen azteca llamada náhuatl.

Según señalan los dirigentes del Museo Regional Comunitario Cuitláhuac las tareas fundamentales de su agrupación consisten en investigar, valorar y compartir las raíces del pueblo de Tláhuac, entre cuyas características se encuentra la permanencia de la forma de organización tradicional. Los dirigentes locales manifiestan por diversos medios el deseo de que se destaque la diferencia que existe en la forma de participación tradicional local, en contraste con otras delegaciones de la ciudad en las que la cultura urbana ha diluido o borrado la historia local.

“…para nosotros, los del pueblo de Tláhuac es importante que se sepa que estas mayordomías representan un reducto de resistencia ante la globalización, y que es una representación democrática en que cada mayordomo de los siete pueblos, es efectivamente representante de la comunidad. […] El museo es reconocido por los mayordomos, y colaboramos con ellos en distintas fiestas patronales, pues en las asambleas se ha destacado la importancia que tiene el mantener vivas nuestras tradiciones como símbolo de nuestra identidad. Sólo nosotros podemos hacerlo” 3

La forma de organización tradicional que se ha mantenido por casi quinientos años, parte de las mayordomías de las fiestas patronales, entre las que se encuentran la del “Culto a los fieles difuntos” que se lleva a cabo los días 31 de octubre, el 1 y 2 de noviembre, o la “Fiesta de las Luces y Música”, en la que se rememora la ceremonia de origen prehispánico del encendido del “fuego nuevo”. El joven Jesús Galindo Ortega uno de los principales promotores del museo, y cuya familia ha vivido durante muchas generaciones, manifiesta la importancia de estas actividades.

“Es que es un espectáculo muy bonito porque hay juegos pirotécnicos y danzas prehispánicas. Estas tradiciones se están perdiendo sobre todo entre los más jóvenes, y es parte de nuestra tarea por medio del museo mantenerlas vivas y promover el rescate de nuestras zonas naturales.”

Antecedentes

El origen del Museo se remonta al año de 1995, cuando Jesús Galindo, se encontró de manera casual en áreas de cultivo locales cinco braseros ceremoniales prehispánicos dedicados a (Tláloc, Xilonen, Chicomecóatl, Tonacacíhuatl, deidades de la lluvia, la fertilidad y el maíz.)

“…a mi hermano José Luis y a mí nos gustaba coleccionar por juego las figurillas que nos encontrábamos en los terrenos. Entre la tierra que se estaba trabajando, un día yo estaba trabajando la milpa y me encontré con unas piezas que por su tamaño pensamos que se trataba de algo muy importante, por lo que avisamos a los mayores y decidimos avisar al I.N.A.H. 4

El arqueólogo Pedro Ortega del Departamento de Salvamento del I.N.A.H., nos invitó a presenciar las excavaciones, y nos explicó el significado de las piezas” 5

Desde un inicio, según narran Jesús y José Luis, hubo confrontaciones por las piezas, “[…] a dos días de que se inician las excavaciones el comisario ejidal de San Pedro Tláhuac fue a la milpa y pidió que no se llevaran las piezas, hasta que el I.N.A.H. se comprometió a que una vez restauradas se devolverían a Tláhuac, pero que antes debíamos constituirnos como Asociación Civil para iniciar la gestión. Quien nos apoyó desde el inicio fue el Arqueólogo Pedro Ortega y el restaurador Francisco Revilla.” 6

En el año de 1996, se conforma la Alianza de Barrios A.C., con objeto de conformar un museo y tener una presencia más sólida ante la comunidad local y la Unión Nacional de Museos Comunitarios. Posteriormente se inicia la organización de un Museo Regional Comunitario, cuya figura, a diferencia de otros museos, implica que gestión surja de los recursos y apoyo de los miembros de la localidad. No fue sino hasta el 3 de Agosto del 2002 cuando finalmente pudo ser inaugurado oficialmente el Museo Regional Comunitario Cuitláhuac.

El museo cuenta actualmente con el reconocimiento y validación de distintas instancias, tales como el INAH, La Unión Nacional de Museos Comunitarios, A.C. y la Secretaría de Desarrollo Social del Gobierno del Distrito Federal. Ha contado con el apoyo de diversas organizaciones, a nivel internacional como por ejemplo la (A.N.I.D., Asociación Española de Investigación en Didáctica.) 7


Al respecto es importante señalar que, si bien los museos comunitarios tienen la libertad de investigar y diseñar sus propios espacios museográficos, cuando existen piezas arqueológicas, las instalaciones deben cubrir con una serie de requerimientos de seguridad y conservación, establecidos por el I.N.A.H.

Lamentablemente la comunidad no ha podido obtener los recursos económicos necesarios para dotar a las instalaciones del museo de la infraestructura adecuada para albergar los cinco braceros ceremoniales. Las piezas en tanto, permanecen en custodia del I.N.A.H., y desde el 2002 se encuentran en una exposición itinerante en Europa.

Los dirigentes del museo son gente de la propia comunidad, pero cuentan con el apoyo externo de varios expertos en distintas disciplinas. La dirección del museo fue apoyada por representantes locales. El comisario ejidal y el mayordomo de San Pedro Tláhuac, coincidieron en que debía ser la Profesora Graciela Ortega y José Luis Galindo los coordinadores del museo ya que además de estar capacitados para dirigirlo, habían estado involucrados activamente desde el hallazgo de las piezas arqueológicas. 8

Uno de los objetivos fundamentales del museo consiste en fomentar la participación de los pobladores de Tláhuac, a fin de preservar, rescatar y difundir sus tradiciones culturales. Además, se busca proteger los recursos naturales locales, dramáticamente afectados como resultado de la rapidez con que se extiende la mancha urbana de la Ciudad de México. Tradiciones, recursos naturales y vestigios arqueológicos son parte del legado ancestral de la comunidad y, como expone Jesús Galindo: “El museo regional comunitario, es un centro cultural y educativo donde la
propia comunidad administra y decide la exposición de sus elementos arqueológicos, históricos y artísticos, costumbres y tradiciones. Como órgano coadyuvante del I.N.A.H., también realiza acciones de cuidado, preservación rescate y protección del patrimonio natural, arqueológico e histórico.”

“Corresponde al pueblo presidir la vida cultural y sus acciones que deben estar al margen de grupos políticos, su fuerza de base se sustenta en el apoyo de las organizaciones civiles y culturales de la comunidad. Por derecho de costumbre y tradición es la comunidad la que administra y protege su patrimonio ambiental y cultural.”

Participación comunitaria en el museo

A partir del año 2002, la familia Galindo decidió prestar parte de su vivienda para que fuera adaptada como museo y poder albergar las piezas, a la par de constituirse como centro social y sede de los talleres y otras prácticas programadas.

En la fachada no se evidencia ningún tipo de connotaciones rituales a diferencia de otros museos, cuya arquitectura suele contener una fuerte carga emotiva. Sin embargo, para el visitante casual esto suele ser una invitación para entrar y conocer el lugar.

La casa posee un patio central, donde se realiza la mayor parte de las actividades y se montan las exposiciones temporales. Al final del patio se encuentra un espacio cuya construcción, aunque precaria, dada la falta de recursos económicos, se destinó para el contenido de la colección permanente. El acervo arqueológico que actualmente se exhibe, consta de aproximadamente 300 piezas, que en su mayoría son producto de la donación de los miembros de la comunidad. Se trata de piezas halladas en las áreas de cultivo o bajo las viviendas y que antes de la existencia del museo se utilizaban como elementos decorativos de las fachadas. Al efectuarse las donaciones, las piezas son registradas y catalogadas ante el I.N.A.H.

En el museo, se destaca la celebración de ceremonias rituales. Éstas han estado presentes desde el día de su inauguración, misma que se inició con una procesión ritual de origen prehispánico en honor de las deidades de las chinampas (terrenos de cultivo lacustre). Una de las piezas donadas que se encuentra actualmente en el museo formaba parte del ritual, según el testimonio de José Luis. (Ver figura 6)

“Al Tlaloque, ayudante de Tlaloc y guardián de las aguas lo transportamos entre varios, y cuando finalmente llegó al lugar que elegimos para él dentro del museo le colocamos incienso y copal en el pedestal, ya en la noche seguía humeando la ofrenda, como si quisiera decirnos: mírenme aquí estoy. […] Esperamos que los braceros ceremoniales como parte de nuestra identidad, puedan transmitir lo mismo, cuando estén entre los habitantes de Tláhuac, que tengamos todos la oportunidad de convivir con ellos, y esperamos también que el I.N.A.H. cumpla con lo ofrecido, una vez que contemos con las instalaciones para tener en el museo a los braceros” 9

Tlaloque Ayudante de Tlaloc, Divinidad prehispánica.

Exposiciones temporales

Si bien el museo cuenta con el apoyo de diversos especialistas externos al museo, no se recurre a ellos a menos que se trate de temas muy especializados. La gente de la comunidad es quien participa en la elección de los temas, los objetos que estarán presentes, así como de los soportes y demás elementos que se consideren relevantes. }

“[…] para montar la exposición nos reunimos entre semana cuando hemos terminado nuestras actividades diarias […] algunos llegamos antes, otros después, el chiste es participar.” 10

Debido a la premura con que se realizan algunas de las exposiciones temporales, las cédulas y otros elementos considerados relevantes por diversos autores 11 dejan de ser prioritarios. Al respecto José Luis señala que, […] “Tal vez con la ayuda de profesionales esto quede muy ‘bonito’ 12 pero no estaría presente la participación espontánea de la comunidad, no sería entonces una exposición comunitaria auténtica”.


En noviembre de 2004 se realizó una exposición temporal con motivo de la “Celebración del Día de los Santos Difuntos”, que es una muestra del sincretismo cultural que rodea a este tema.

CURSOS Y TALLERES


Las prácticas que se realizan en el museo, han permitido darlo a conocer entre la población de Tláhuac y constituyen la forma más eficaz de cohesión social. Los miembros de la comunidad que participan en dichas actividades señalan que es una fuente para promover la apropiación de sus tradiciones como parte de su patrimonio cultural.

El análisis de la producción discursiva de los coordinadores se realiza en condiciones de interacción, con el propósito de reconocer cuáles prácticas son las que pueden permitir la apropiación del patrimonio cultural, a partir de la vivencia de los actores en momentos y contextos determinados.

Según han expresado los dirigentes, las prácticas que se realizan, […] “mantienen la reproducción de las tradiciones en el presente, como parte del proceso que se sigue para que la comunidad vuelva a hacer suyo ese patrimonio. […] Las actividades continúan la construcción de significados depositados en el patrimonio cultural, fortaleciendo sus identidades colectivas.”


Las prácticas se caracterizan por el interés en dar a conocer el pasado prehispánico y el sincretismo que se dio durante la época de la colonia hasta el conocimiento de las tradiciones hoy día. Entre los cursos y talleres que se imparten actualmente destacan los siguientes:

Curso de Danza. El profesor Víctor Islas, es quien originalmente comenzó a impartir el curso, mismo que comparte actualmente con José Luis Galindo. Para el profesor Islas la labor que se realiza en el museo es importante pues, […] “para gente como él, proveniente de una familia dedicada a la danza, específicamente heredada de los “concheros”, es importante mantener estas danzas a través de su difusión.”

El curso está basado en la Danza solar azteca chichimeca, y tiene sus orígenes en las grandes ceremonias, en las que se practicaban ritos para invocar la fertilidad, y asegurar así una “buena y abundante cosecha”. 13


Las palabras con las que se denomina la danza son macehhualiztli y mihtoiliztli. La primera se refiere a un baile ritual y la segunda a su simple ejecución.

A través de la danza como lenguaje corporal, se trata de imitar los movimientos animales y representar los elementos de la naturaleza, como lo hacían los ancestros.

El curso se sustenta en dos ejes, la danza guerrera y la danza ceremonial. La primera se realizaba según se explica en el curso, antes de ir a la batalla. Para dar señales de combate se utilizaban los instrumentos como el atecocolli o caracol marino, y el huhuetl o tambor. Estos instrumentos se utilizan tanto en los ensayos como en las representaciones públicas de danza. (Figura 8)


La mayoría de los participantes son jóvenes cuyas edades oscilan entre los 20 y 28 años. Esto es importante, ya que […] “Está pasando algo muy bonito aquí en Tláhuac, pues tradicionalmente la gente que organizaba las actividades patronales, era gente mayor, ahora viene una nueva generación de ‘chavos’ jóvenes que retoman las tradiciones de Tláhuac.” 14

La danza es percibida por algunos participantes como una actividad lúdica y mística según lo expresa Luis, joven de 17 años, estudiante de preparatoria, al que le gustaría formar un grupo de rock. “Es un centro de reunión donde venimos para aprender y a pasar también un buen rato conviviendo. Además estas danzas rituales son ‘chidas’ y son parte de nosotros, es como que la parte mística de los antiguos, ¿no? 15 Javier: Tiene 22 años, es estudiante de la preparatoria abierta, le gusta el rock pesado, asiste además al curso de danza prehispánica que se imparte en el museo. Expresa su opinión de la siguiente manera: “a mí me invitó un amigo, además conozco más gente que se ha interesado por participar, aquí todos somos un grupo que aunque seamos diferentes, nos interesa conocer la mística azteca.”

Curso de Náhuatl. El curso lo imparte el profesor Santos de la Cruz Hernández, 16 quien aprendió la lengua de sus padres. Expresa su interés por fomentar la recuperación del náhuatl entre la gente de Tláhuac. “Creo que para todos en general es importante conocer sus raíces, sólo conociéndolas se pueden conservar, yo cuido algo cuando sé que me pertenece.”

El curso consiste en la enseñanza de la construcción gramatical del náhuatl, incorporando poesía y canto, al tiempo que se destaca la manera en que los pobladores prehispánicos utilizaban el lenguaje.

Los asistentes forman un grupo heterogéneo en el que participan jóvenes y personas mayores. El número de alumnos es aproximadamente de 10 a 14 personas. Algunas personas llevan textos propios para traducirlos al náhuatl. El señor Hilario, por ejemplo es una persona de 62 años de edad, que escribe poesía en sus ratos libres y algunas las ha traducido al náhuatl con la ayuda del profesor.

Estas traducciones se hacen delante de los participantes, como una forma de aprender a partir de ejercicios que ellos mismos proponen, según declara el profesor Santos de la Cruz. 17

En el museo también se imparten conferencias, cuyo contenido temático gira en torno a la protección del patrimonio cultural y natural de Tláhuac. Dichas conferencias han tenido muy buena recepción por parte de la comunidad, pues según lo expresan sus dirigentes, cada día son más las personas que se interesan en conocer su patrimonio.

Sin embargo, uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el museo, es la falta de recursos económicos y de apoyo por parte de profesionales, que orienten y proporcionen las herramientas conceptuales y técnicas que ayuden a sistematizar los trabajos realizados y que puedan funcionar como catalizadores de los intereses de la comunidad. 18

La exposición permanente actualmente está en remodelacón, ya que requiere mantenimiento, y un área que esté mejor acondicionada. Los dirigentes del museo están buscando apoyo por parte de diferentes instituciones a fin de poder llevar a cabo los objetivos planteados por el museo.

Conclusiones y citas

Resulta sumamente interesante que a pesar de que la comunidad de Tláhuac no ha podido obtener los recursos para establecer las condiciones que permitan la recuperación de los braceros ceremoniales, detonante de la idea del Museo comunitario, la inercia de las actividades que se realizan en sus instalaciones ha alcanzado una dinámica que rebasa las expectativas planteadas originalmente.

Resulta paradójico que a pesar del indiscutible valor de las piezas arqueológicas que se exhiben en la actualidad, la “exposición permanente” sea casi un episodio anecdótico del museo, pues lo que realmente le da vida, son las exposiciones temporales y, sobre todo, las actividades docentes.

Sin embargo, es evidente que el tema de los braceros y el resto de las “evidencias materiales” del pasado prehispánico siguen cumpliendo su papel de eje en torno al cual gira todo lo demás. Los problemas de logística pasan a un segundo término ante la avasallante dinámica de las actividades de salvaguardia del “patrimonio intangible”.

El Museo Regional Comunitario Cuitláhuac, cohesiona a jóvenes de cuerpo y espíritu que con un enorme ímpetu participan, con sus propios medios, en la preservación y difusión de las tradiciones, recursos naturales y culturales que han heredado y que orgullosamente quieren transmitir al futuro.


CITAS


1. Artículo publicado en el Boletín: Gestión Cultural Nº 11: Participación Ciudadana, abril de 2005.
2. El presente articulo forma parte de una investigación realizada dentro del periodo 2003-2005, del programa de Maestría en Ciencia y Artes para el Diseño, de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco.
3. Entrevista a Jesús Galindo.- 32/10/2004
4. Siglas con las que se le conoce al Instituto Nacional de Antropología e Historia, Instancia del Gobierno Federal encargada de la investigación, salvaguarda y difución del patrimonio historico de México.
5. De la entrevista realizada a Jesús Galindo en Diciembre 2003
6. Ibíd..
7. http://cuitlahuac.org
8. Estas decisiones de toman de una manera participativa: se convoca a la comunidad a opinar y a votar si es necesario.
9. José Luis Galindo, entrevista del 28/01/2005
10. Entrevista a un participante en el montaje en la exposición del día de muertos. 28/11/2004
11. Se pueden consultar a Gerardo Portillo Ortiz. coord.. y a Luis Alonso Fernández, (1999)
12. Las comillas corresponden al autor del testimonio.
13. En las danzas guerreras prehispánicas uno de los instrumentos que se tocaba, se elaboraba con la concha de un armadillo y cuerdas. Después de la conquista a los indígenas sólo les era permitido danzar en festividades religiosas católicas. Es desde ésa época que se les comenzó a denominar “concheros” a los danzantes. Ver entrevista a Jesús Galindo 18/02/2005.
14. Se refiere a las fiestas patronales, organizadas por las mayordomías. Cada uno de los siete pueblos está representado por un mayordomo, que es auxiliado por una comisión nombrada también por la comunidad. Entrevista a Jesús Galindo del 12/02/2005.
15. Parte del dialogo sostenido con uno de los participantes. 15/01/2005
16. El profesor Santos de la Cruz, colabora en cursos impartidos en la Universidad Pedagógica en México.
17. Entrevista del 22/02/2004
18. Según las propuestas de la Nueva Museología de UNESCO

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